Sábado, 3 de Julio del 2021

El futuro ya está aquí, ¿Cómo adaptarnos?

A través del siguiente artículo quiero invitarte a reflexionar sobre nuestro presente y futuro en el mundo actual, un mundo incierto, de cambios acelerados y disruptivos. Intentaré abordar aspectos fundamentales de nuestra vida como seres humanos y relacionar como lo que hacemos impacta en nuestro planeta. Exploraré como está cambiando nuestro mundo a raíz de la tecnología y la inteligencia artificial. Pondré como centro de la cuestión el preguntarnos y reflexionar acerca de que necesitamos aprender para un mundo muy diferente al que conocemos hoy. Espero que la siguiente lectura te permita repensar tus distintos dominios de acción y te amplié el marco de observación para mirar un horizonte más amplio del que todos somos parte.

No nos damos cuenta que este mundo en el que hoy vivimos y cual lamentamos por diversos motivos, lo hemos creado nosotros. Y por si eso fuera poco, tampoco nos estamos dando cuenta que seguimos haciendo más de lo mismo, seguimos como burros detrás de una zanahoria, seguimos haciendo más de lo mismo con la esperanza de que estos tiempos difíciles pasen y “volvamos a la normalidad”. Lo que hoy estamos viviendo es el resultado de nuestras acciones en las últimas décadas al igual que nuestro futuro será el resultado de lo que estamos haciendo ahora mismo.

Claramente que ninguno de los lectores habrá creado la pandemia, pero si debemos reconocer cuánto daño le hemos hecho al planeta todo este tiempo; contaminamos mares y ríos, destruimos bosques, cazamos especies por recreación, dinamitamos cerros, sembramos basura en la tierra y plástico en los mares. ¿Acaso podemos creer que esto no tiene ningún impacto?

Un artículo publicado el 1 de julio de 2020 por conservation.org detalla como los océanos han absorbido más del 90 por ciento del calentamiento creado por los seres humanos desde 1970. Según un informe de 2016, si ese calor hubiera entrado en la atmósfera, las temperaturas medias globales habrían aumentado en casi 56 grados centígrados. Las aguas más cálidas provocan el blanqueo de los corales, lo que a su vez afecta a los ecosistemas de los arrecifes de coral que albergan la mayor parte de la biodiversidad del océano, y son fuentes cruciales de alimentos para los seres humanos.

El 21 de junio de 2021, los satélites Copernicus Sentinel-3A y Sentinel-3B el capturaron una imagen que muestra la temperatura de la superficie terrestre en la República de Sakha, Siberia. La que alguna vez fue la región más fría del mundo se está calentando rápidamente: las imágenes satelitales revelan que la temperatura alcanza picos similares a la del desierto de la península arábiga. Por primera vez en la historia, el territorio registró un alza hasta casi los 50ºC, como consecuencia de una ola de calor persistente. Estas cifras no se habían alcanzado desde 1936, y los científicos aseguran que es un efecto directo del calentamiento global.

El hielo marino del Ártico en invierno sigue bajando a nuevos niveles mientras los océanos se calientan. Las pequeñas naciones insulares como las del Océano Pacífico están a punto de ser borradas del mapa.

Bill Gates menciona en su libro sobre el calentamiento global: “Habrá lugares cerca del océano que desaparecerán por completo por la subida del nivel del mar”. Y como ejemplo anticipa que “Miami no se va a parecer para nada a lo que es hoy, hay períodos en los que el agua sube cuando se dan ciertas condiciones climáticas y cada año, el océano subirá más. Para fines de siglo, eso va a ser muy dramático, esas playas desaparecerán”.

Citando una gran frase del biólogo y filósofo Humberto Maturana: "Somos como somos en congruencia con nuestro medio y nuestro medio es como es en congruencia con nosotros."

La Revolución Industrial nos dio la falsa impresión de que podemos controlar la naturaleza, de hecho comenzamos a llamarle “recursos naturales”. Todo lo que podíamos ver era un recurso para ser utilizado y explotado, incluidos nosotros mismos a quienes nos llamamos “recursos humanos”.

No debemos olvidar que esta era industrial sentó las bases del mundo que conocemos, la educación partió con el propósito de formar personas para ser trabajadores competentes. La educación que hemos recibido y que influyo en nuestra manera de pensar y hacer proviene de este modelo. La educación se centró en brindar conocimientos específicos para ser un trabajador competente, para memorizar, retener y repetir un concepto, procedimiento o método, algo que luego le permitiría a la persona trabajar en forma eficiente dentro de una industria en la que tendría que repetir procesos y procedimientos, el modelo educativo se enfocó en promover un pensamiento racional y lineal, de memorización y centrando su atención en la información y el know how, preparando así a las personas de la sociedad para ser futuros trabajadores en las industrias.

Al distinguir al ser humano como un recurso, se dejó afuera a la persona como ser emocional y social que es. Además de ello también se configuro un mundo en el cual no había lugar para la incertidumbre (pensemos que la educación nos enseñó que lo importante es tener respuestas y que “no saber” está mal), de allí proviene que la incertidumbre sea interpretada como amenaza, generando así una respuesta automática y emocional desde el miedo y sus variantes de acción: parálisis, ataque, huida o negación. Además este estrés genera adrenalina y cortisol lo que limita o anula la capacidad cognitiva (reflexión): esta puede ser una respuesta al porqué del accionar sesgado y desesperado, como burros detrás de una zanahoria.

En un mundo industrial claramente todo avance era lineal, predecible y controlable, lo que no nos dimos cuenta es que erróneamente compramos la ilusión de que el mundo es lineal, predecible y controlable. Actualmente, este paradigma se ha roto.

 - La información es obsoleta por la velocidad y permanencia del cambio disruptivo.

 - El fenómeno de la globalización, la tecnología y el cloud computing rompen el modelo de pensamiento lineal, dejándolo obsoleto.

 - Planificar, predecir y controlar ya no es posible.

 - La incertidumbre recupero su lugar como fenómeno de la naturaleza y la vida animal (entre ellas la humana).

 - La naturaleza toma mayor relevancia y protagonismo, si no es por sentido y mayor conciencia, será por mayores desastres biológicos y naturales.

 - En un mundo tan superpoblado, no hay suficientes puestos laborales para todos, por lo que preparar a la sociedad únicamente para ser trabajadores es prepararla para el fracaso.

Sin lugar a dudas, reconocernos como parte de la naturaleza es algo fundamental. Haciendo esto además debemos reconocer que el fenómeno de la vida es incierta por naturaleza pero que la incertidumbre no es sinónimo de amenaza, la incertidumbre también es posibilidad, apertura a lo nuevo y a lo desconocido, un espacio en blanco en el que el protagonismo lo genera la capacidad de creación que tiene y ha demostrado el ser humano. Para ello la educación tiene un rol fundamental, preparar a seres humanos para la vida, la profesión y el emprendimiento, no como algo estático, como una carrera de la que aprender para ejercer, sino como un proceso de aprendizaje y reinvención permanente. Dejando de poner el foco en la información que rápidamente queda obsoleta para volver a aquella educación fundada en el pensamiento, la reflexión y el desarrollo de habilidades, lo que podríamos resumir como “formación”.

Necesitamos recuperar la que fue base de la formación del ser humano en todos sus dominios de acción. Además ya no existe la vida personal y profesional como espacios separados. En un mundo superpoblado no hay puestos laborales para todos, necesitamos más personas que asuman su potencial de creación de valor. Esto da el inicio a una nueva relación laboral basada en la libertad, la responsabilidad y el compromiso. Actualmente ya se avizora en el horizonte un nuevo modelo de negocio que se describe como “Modelo C2B” (Consumer-to-Business).

En un mundo de cambios acelerados las personas que desarrollen la sensibilidad para aprender constantemente y lograr adaptarse, como así también la habilidad para colaborar en redes de relaciones basadas en la confianza, aportando valor a todas las partes involucradas y abriendo espacios de posibilidades podrán reinventarse una y otra vez creando valor para la sociedad, solo así podrán ser parte del futuro.

Yuval Noah Harari, historiador y escritor israelí, nos dice: Lo que vamos a enfrentar es una sucesión de revoluciones en el mercado laboral, en las relaciones, en la política y en otros ámbitos de la vida. Hay que tener presente que mucho de lo que hoy aprendemos podría dejar de ser relevante en 20 o 30 años, así que, sea lo que sea aquello que uno haga, también tendría que invertir en el desarrollo de la inteligencia emocional, el equilibrio mental y la capacidad de mantenerse cambiando, aprendiendo y reinventándose a lo largo de la vida.

La Universidad de Oxford pronosticó que el 47% de los empleos corren el riesgo de ser reemplazados por IA (Inteligencia Artificial). El 95% de las organizaciones cree que deberá cambiar rápidamente para tener éxito en los próximos 10 años.

Expertos del Future Trends Forum han analizado como la inteligencia artificial favorecerá el crecimiento de otras tecnologías. Casi sin darnos cuenta, la IA se ha integrado en nuestro día a día. La llevamos en nuestro bolsillo, en nuestras pantallas, la tenemos en casa, en la escuela, en el trabajo e incluso en nuestros planes de ocio; y en el sector servicios, la industria y la agricultura.

Empresas como Telefónica Alpha han combinado las ciencias de comportamiento con la IA para crear un asistente personal de salud que podría realizar recomendaciones y servicios que se adapten a cada persona, desde la prevención hasta el tratamiento. El 75% de las enfermedades crónicas se derivan de nuestro estilo de vida diario: lo que comemos, cómo dormimos, lo que bebemos. Por ello, combinar esto con un conocimiento creciente sobre el comportamiento y la toma de decisiones (conscientes o inconscientes) hacen posible crear un asistente medico personal.

En el sector automotriz, la gestión inteligente del tráfico, sistemas de transporte que se ajustan a la demanda en tiempo real y vehículos autónomos son solo algunas de las aplicaciones de la IA, algunas en estadíos aún emergentes. Actualmente podríamos hablar de algunas tendencias en el sector automotriz: la tendencia hacia los autos eléctricos; la conectividad entre los autos y la conducción autónoma.

En el sector bancario, Anthony Jenkins, el ex CEO del banco Barclays predijo que hasta 50% de las sucursales bancarias y los empleados bancarios desaparecería en los siguientes 10 años en varios países industrializados. Tan sólo en 2015, los bancos más importantes de Estados Unidos y Europa despidieron a casi 100.000 empleados.

La automatización del trabajo permite que los procesos sean más eficientes. La promesa es acabar con los trabajos repetitivos y servir como herramienta que aumenta las capacidades de los trabajadores para que puedan enfocarse en generar valor agregado. Al mismo tiempo existe gran preocupación acerca de la destrucción de empleo si cada vez en más tareas se sustituyen personas por máquinas. Si bien hasta ahora este fenómeno había estado en su mayoría relacionado con tareas manuales, ahora las tareas cognitivas son también automatizadas en todo tipo de profesiones. No obstante, será difícil que las máquinas reemplacen a las personas en ocupaciones que requieran de compasión, creatividad e inteligencia social. Al mismo tiempo las personas necesitamos formarnos en nuevas competencias que nos permitan crear y agregar valor, nuevamente cabe señalar que la educación del mundo de hoy no puede limitarse a enseñar conocimientos técnicos y específicos, mucho menos a educar a las personas para ser trabajadores en una industria. Los seres humanos requerimos prepararnos para la vida, la profesión y el emprendimiento en forma continua y así poder reinventarnos una y otra vez creando valor para la sociedad.

La crisis no es un fenómeno que ocurre en el mundo, la verdadera crisis es nuestra y ocurre en un accionar sesgado y desesperado, en hacer una y otra vez lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Es una crisis de responsabilidad, es el resultado de no hacernos cargo de que nuestras acciones presentes crean el mañana en el que viviremos.

Sin darnos cuenta hemos compramos la ilusión de que el mundo era lineal, predecible y controlable. Ese paradigma que el modelo industrial nos dejó se ha roto, lo que siempre hicimos, lo que parecía que resolvía, hoy ya no resuelve y no solo que ya no resuelve sino que esta agravando el problema. Parecía que el inicio de la pandemia nos otorgaría mayor tiempo para aquello que decíamos que queríamos hacer pero no hacíamos por falta de tiempo. Hoy podemos observar que vivimos más acelerados que nunca, más estresados, ansiosos y con menos tiempo para nosotros mismos y para aquellas personas que queremos. Nuevamente cabe resaltar que la crisis no es un fenómeno que ocurre en el mundo, la verdadera crisis es nuestra, lo que vemos que ocurre es el resultado de nuestras acciones (y también de las inacciones).

Albert Einstein decía: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.”

Este mundo incierto en el que vivimos nos abre a la posibilidad de hacernos cargo del presente y con acciones más conscientes crear un futuro mejor para nosotros mismos y para la naturaleza en todas sus dimensiones. La incertidumbre no es un espacio a resolver con más conocimiento, la incertidumbre es un espacio de creación, de preguntarnos qué mundo queremos construir y que clase de seres humanos queremos llegar a ser.

La pandemia puso frente a nosotros la importancia de cuidar aquello que más nos importa: nuestra vida, nuestra salud y cuidar de la vida y salud de las personas que queremos. Lamentablemente nuestra ceguera sigue haciendo que reduzcamos el cuidado de la salud a lo físico, a lo tangible, sin darnos cuenta que la salud es mucho más que lo físico, incluso declarado por la misma OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

No estamos cuidando nuestra salud, tan solo estamos cuidando nuestro físico y descuidando nuestra mente, nuestras emociones y el ser social que somos. Vivimos más acelerados que nunca, aun en la virtualidad que parecía que iba a mejorar nuestra calidad de vida, estamos más ansiosos y más estresados.

Estudios de la organización internacional del trabajo (OIT) ya anticipan que para el 2025 la principal causa de baja laboral seria la depresión. Este es otro ejemplo más de que el futuro lo estamos creando ahora mismo.

Ni que hablar de los más jóvenes a los que la educación ya les era lejana y no por presencialidad o virtualidad, sino por ser una educación de un mundo que ya no existe, totalmente desconectada del mundo presente y futuro en el que viven y vivirán estos jóvenes. Hoy nos damos cuenta que esta educación no los prepara para el futuro pero aun así seguimos haciendo más de lo mismo, haciendo parecer que con un “zoom” estaremos aportándoles algo de valor.

Estos jóvenes hoy se encuentran angustiados, ansiosos y apáticos. Como no estarlo si su futuro hoy está en manos de adultos irresponsables que están tan ocupados y estresados con su vida que ni siquiera se preguntan qué mundo están creando para las futuras generaciones. Hoy estos jóvenes ven el futuro como una hoja en blanco, pero sin un lápiz con el cual poder escribirlo.

Nuevamente, este mundo incierto en el que vivimos nos abre a la posibilidad de hacernos cargo. Podemos hacernos cargo de nuestra salud y de cuidar de nuestros seres queridos, tanto a nivel físico, como a nivel mental, emocional y social. Podemos hacernos cargo de trabajar responsablemente sin descuidarnos, sin dejar de respetar nuestra salud, nuestro bienestar, la familia, los proyectos de vida o propósitos que nos importan, y por supuesto nuestra dignidad como seres humanos. Podemos aprender a comprometernos con lo que nos importa, aprendiendo para la vida, la profesión y el emprendimiento en forma continua, cuidando del presente para ver en el horizonte un futuro mejor.

Gracias por tomarte este tiempo y por leer el artículo. Espero que la lectura te haya permitido repensar tus distintos dominios de acción y ampliar tu marco de observación para mirar un horizonte más amplio del que todos somos parte.