Las empresas en un mundo incierto
La empresa tradicional se encuentra en crisis porque el
modelo de gestión y liderazgo bajo el cual opera está en crisis. Operamos en un
modelo de gestión que pone énfasis en la planificación y el control, un modelo
de administración de empresas que opera bajo el paradigma de una era del
conocimiento en la cual lo que importa es la información y la planificación
estructurada para poder tomar decisiones desde la certidumbre. Tiempo pasado, en
aquel mundo predecible, de cambios lentos y lineales, esta información podía
ser relevante y suficiente para decidir el futuro de la empresa. Hoy el mundo
ha cambiado, la certidumbre a la cual podíamos aferrarnos se ha ido e incluso
aquello que podíamos llamar sentido común ya no es tan común. Se ha roto el
paradigma bajo el cual operábamos, hoy los cambios emergen a una velocidad
nunca antes vista, además y por si esto fuera poco, el cambio ya no es lineal,
sino que es global y sistémico.
Este es el nuevo mundo que ya está emergiendo, un mundo
global, interconectado por medio de la tecnología, el cloud computing y la
inteligencia artificial. Es un mundo global y sistémico, de cambios acelerados,
de incertidumbre y volatilidad; a esto le llamamos crisis, término que en
griego significa “decidir”. Decimos que algo se encuentra en crisis cuando los
resultados que obtenemos no coinciden con lo que esperábamos y esto puede darse
tanto de manera individual como en forma colectiva, es así que podemos referirnos
a “crisis económica”, “crisis empresarial” o “crisis personal”, entre tantas
otras. Haciendo este análisis podemos observar que la crisis siempre es una
declaración que realiza una persona o varias personas en una sociedad cuando se
obtiene un resultado que es muy diferente y contradictorio con respecto a lo
que se esperaba del mismo. También declaramos “crisis” cuando algo se rompe,
cuando algo que solía tener sentido y era de importancia para nosotros, de
repente pierde el sentido.
Sin embargo quien observa la crisis como una amenaza, como un gran problema difícil de afrontar, lo que en realidad está declarando es su propia insuficiencia para afrontar la situación, allí se declara incapaz de crear un nuevo futuro para la empresa a la que dirige o incapaz de liderar a su gente y llevarlos a buen puerto. Y claro que esto es más que comprensible, pero cabe mencionar que la crisis no se encuentra en la circunstancia, sino en la incapacidad de poder afrontar la circunstancia, cayendo rápidamente en la frustración o en la resignación.
Entonces, si la crisis es siempre una declaración que es
efectuada por un ser humano y refiere a los resultados, en el análisis también
corresponde hacer la pregunta de: ¿Cuáles son las acciones que llevan hacia
esos resultados?, y como analizamos previamente, estas acciones pueden ser
tanto individuales como colectivas, correspondiendo acciones colectivas al
accionar de un gran número de personas dentro de una organización e incluso en
una sociedad. Ahora y ante esta pregunta, se abre un nuevo horizonte, si la
crisis es una declaración personal sobre un resultado y ese resultado es
producto de ciertas acciones, en lugar de esperar que cambien las
circunstancias casi por arte de magia y que además sean favorables hacia
nuestros deseos, lo que requerimos hacer es cambiar nuestras acciones de una
manera tal que nos dirijan hacia resultados diferentes. Por supuesto que esto
no es tan sencillo, toda acción nace en una decisión, decisión que se toma en
el marco de un contexto y con base en ciertos hábitos que hemos desarrollado a
lo largo de la historia, en donde el estado emocional juega un papel sumamente
importante, pero sin entrar en profundizar sobre este tema, aquí simplemente
quiero dejar una pregunta: ¿Cuáles son las decisiones que estoy tomando?
Comprendiendo la situación en la que nos encontramos,
podemos identificar un nuevo horizonte de esperanza y posibilidad. Para ello,
lo primero a reconocer es que la información que tenemos es información pasada
y ya no es útil para decidir el futuro de la empresa, no podemos planificar el
futuro y tomar decisiones con información que ha quedado obsoleta. Lo segundo
es aceptar que vivimos en un mundo incierto y entonces comprender que la
incertidumbre es simplemente el camino, la incertidumbre es la nueva regla para
jugar el juego y si queremos ganar, primero debemos aceptar la regla. Esto nos
lleva al tercer punto, que es reconocer que decir amenaza u oportunidad,
siempre es dicho por alguien y ésta es su interpretación de las circunstancias,
lo que lo llevara a accionar de una manera u otra en función de su
interpretación, pero entonces lo importante es que la amenaza no tiene relación
con la incertidumbre sino con la incapacidad personal de transitarla con una
mirada de posibilidad.
Aceptar la incertidumbre nos abre la posibilidad de poder
decidir el futuro de la empresa desde un nuevo enfoque, ya no desde información
obsoleta sino con base en nuevos escenarios y decisiones que actuaran en un
marco de incertidumbre, serán nuevas decisiones y nuevos caminos que no
conocemos hasta el momento, por lo que podemos cometer errores, tener
equivocaciones y fallos, pero si gestionamos esos errores de manera rápida y
nos permitimos aprender de esas equivocaciones, podemos alcanzar grandes
resultados.
Todo esto nos hace distinguir una observación fundamental y
es que el problema no es la incertidumbre, el problema es querer decidir
siempre desde las certezas y controlar la situación. Lo que se pone de
manifiesto en las circunstancias actuales es que no tenemos control de la
situación y de los eventos que emergen, lo que desde un accionar fundado en la
búsqueda de certeza y control nos da miedo, ansiedad y desesperanza.
En la actualidad quienes dicen ser líderes de la
organización deberán atreverse a tomar decisiones sin certezas, a abrazar la
incertidumbre como un nuevo camino, como la nueva regla del juego y generar los
espacios y el clima que permitan afrontar las circunstancias desde la
confianza, trabajando con los equipos en generar compromisos claros, acuerdos
claros y perseguir metas en común, abriendo espacio para que sus colaboradores
asuman responsabilidad, con base en la autonomía, la libertad y por sobre todo
la confianza.
La solución al problema no está en adquirir más información
y buscar certezas porque justamente esa es la raíz del problema. La solución es
aceptar el cambio y adoptar un nuevo camino, un camino de incertidumbre en el
que líderes y colaboradores asumen compromisos y trabajan con responsabilidad,
autonomía y libertad, sustentados en una base de confianza para consigo mismos,
para con cada colaborador e incluso yendo más allá, con una confianza en los
compromisos que asumen como equipo; a esto le llamamos confianza radical. Nos
encontramos ante una situación histórica y estas circunstancias nos desafían a
generar un cambio profundo y radical en la manera de gestionar, liderar y
decidir el futuro de la empresa.