Miércoles, 2 de Febrero del 2022

No podemos controlar las circunstancias, pero si nuestras decisiones

“No soy producto de mis circunstancias. Soy producto de mis decisiones” – Stephen Covey.

Estamos iniciando el segundo mes del nuevo año y mirando hacia atrás no podemos dejar de notar que llevamos ya dos años de pandemia. Recuerdo que ante la contingencia del covid-19 expresábamos en nuestras conversaciones por un lado la preocupación ante lo ocurrido pero también la esperanza de que este evento nos volviese más humanos, mas colaborativos, incluso que el trabajar en forma virtual nos permitiera disfrutar de más tiempo para lo que quisiéramos.

Claramente esto no ha ocurrido en términos generales, la complejidad en el mundo va en aumento, trabajamos una gran cantidad de horas y a veces nos cuesta desconectar. Las circunstancias parece que no nos han dado ni mayor tiempo para disfrutar, ni nos han vuelto más humanos y colaborativos. Mucho menos ha impactado en nuestro deseo de controlar, parecía que ese sería uno de los mayores aprendizajes de la pandemia: “Que no podemos controlar las circunstancias”. Sin embargo, hoy el control parece ser la herramienta elegida para afrontar este evento y tantos otros.

Existe un importante aprendizaje ante todo esto. No existe circunstancia que pueda volvernos más humanos y colaborativos y menos controladores ya que lo único que puede hacer que esto ocurra es que decidamos ser más humanos, mas colaborativos y menos controladores. No son las circunstancias, son nuestras decisiones. Claramente, los cambios nunca provienen desde afuera, los cambios provienen de nuestro interior y de la intención de querer cambiarnos a nosotros mismos.

Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes, esta es una famosa frase que ha sido atribuida al genio de Albert Einstein. En ocasiones quedamos atrapados por nuestros hábitos, nuestros sesgos y tan solo reafirmamos nuestras opiniones, en lugar de reflexionar y cuestionar acerca de cómo pensamos, decidimos y actuamos.

La ausencia de espacios de reflexión para clarificar e identificar prioridades genera agobio, estrés y ansiedad, vivimos una era caracterizada por la falta de tiempo para terminar las tareas, demasiada presión y trabajo. Lo que no nos damos cuenta es que cuando caemos en este estado le estamos cargando a nuestro sistema inmunológico un shock de adrenalina y cortisol, lo que hace que nos cueste aún más frenar, reflexionar y generar nuevas o diferentes acciones.

Puede que en medio de esta complejidad te resulte difícil idear que hacer que no sea repetir algo que ya has hecho antes (y que no te ha funcionado). Si esto te ocurre, no hagas nada. Tal y como decía Buda: “si no sabes qué hacer, no hagas nada”. No hacer nada es frenar, es dejar de hacer más de lo mismo, es detener un ciclo.

Vivimos tiempos de cambios acelerados en un mundo que es complejo e incierto, lo que no nos damos cuenta es que nuestras cegueras nos conducen a repetir acciones, por ello los resultados que vemos en nuestra vida se parecen más a nuestro pasado que a algo nuevo y diferente. En tiempos tan complejos necesitamos reflexionar más que nunca, de lo contrario el automatismo nos conducirá a seguir repitiendo patrones y aumentar las crisis que hoy conocemos e incluso crear otras aún mayores.

Hemos construido una sociedad que basa su accionar en incentivos y presiones, cada día en nuestras conversaciones aparecen expresiones como: “tengo que hacer esto”, “necesito resolverlo ya”. Pensamos en lo urgente, lo más visible, lo que mayor ruido hace. Lo que olvidamos es que al atender solo lo que es urgente y olvidar aquello que es importante a futuro, en poco tiempo aparecerán nuevas urgencias y justamente ello será resultado de no haber atendido lo que es importante.

Prestamos una atención obsesiva a lo inmediato y descuidamos lo estratégico, ni que hablar de lo escasa o nula que es nuestra capacidad de previsión. Ejemplo de esto ha sido la obsesiva atención a la inmediatez de la pandemia en contraposición a las amenazas de cambio climático que en pocos años comenzaremos a ver como nuevas urgencias por no haberlas anticipado. O la desatención a los factores sociales y emocionales tan importantes en la salud integral de un ser humano. ¿Qué puede llegar a causar esto? La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya anticipa que en el 2025 la principal causa de baja laboral será la depresión. Y qué decir del descuido de la educación y sociabilidad tan importantes para el futuro de los niños.

Por supuesto que no pretendo decir que lo urgente no es importante o que no hay que atender a ello, lo que pretendo mencionar es que además de lo urgente existen cuestiones que son importantes y que si las desatendemos estaremos creando nuevas urgencias más temprano que tarde.

Claramente que no podemos ni predecir ni controlar el futuro, pero si podemos crearlo y aun si no somos conscientes de ello, lo estamos creando con cada decisión que tomamos en nuestro presente, lo creamos con nuestras atenciones y desatenciones, lo creamos con nuestras acciones e inacciones.

Hoy más que nunca necesitamos darnos cuenta de que nuestras decisiones actuales generan un futuro y que este puede ser una continuidad de nuestro pasado si seguimos haciendo más de lo mismo o puede ser un futuro de mayor posibilidad si comprendemos que somos co-creadores de nuestro mundo. La decisión es nuestra y es ahora.